viernes, 22 de agosto de 2008

Cashback

Cashback | Maestro Liendre Cabaret | Blog de Luis Bermejo

Después de mi ruptura con Susi ya no podía volver a dormirme. Cuánto mas pensaba en dormir, menos cansado me sentía. Estaba develado. Lo probé todo. Sencillamente me volví inmune al sueño. De repente descubrí que tenía ocho horas adicionales. Mi vida, se había ampliado en un tercio. Quería que el tiempo pasara de prisa y en cambio me veía obligado a presenciar el paso de cada segundo, de cada hora. Quería que el dolor que sentía desapareciera… Pero por una mala pasada de los acontecimientos, me encontraba aún con mas tiempo en mis manos, con mas tiempo para pensar en Susi.

Cogí el autobús sin tener en realidad a dónde ir. Contemplé como el paisaje cambiaba lentamente a medida que se iba ocultando el sol, antes de entregarme a otra noche mas de insomnio.

Empecé a leer todos los libros que había deseado tener tiempo de leer. Con la horas adicionales, hasta tuve tiempo de releer mis favoritos. Pero ella seguía aferrada en mi mente….

Sentí un ligero temblor procedente de un punto lejano, una corriente de desconocidas consecuencias estaba en camino. Se desplazaba hacia mi como una imparable hola de predestinación.

Siempre he querido ser pintor, y para la mayoría de los artistas las formas femeninas son una gran fuente de inspiración. Siempre me ha infundido respeto el poder, que sin saberlo, poseen.

Existe el arte de lidiar con el tedio de un turno de ocho horas. El arte de situar tu mente en otra parte mientras los segundos van pasando. He descubierto que todas las personas que trabajan aquí han perfeccionado su propio arte. Por ejemplo Sharon. Sharon conoce la regla número uno: “El reloj es el enemigo”. Hay una norma básica, cuanto más miras el reloj, más despacio pasa el tiempo. Descubrirá el escondite de tu mente y la torturará cada segundo.  Este es el arte básico de manejar la venta de tu tiempo.

Llevaba dos semanas sin dormir. Mi ruptura con Susi me había dejado con la sensación de que el tiempo se había trastornado. Pasaba de la imaginación a la realidad, del pasado al presente cada vez con más facilidad. Noto como los tornillos se desprenden lentamente de la abrazadera. La manipulación del tiempo no es una ciencia exacta. Como cualquier arte, para cada individuo, es personal. ¿Y cuál es el arte para hacer que mi turno pase tan deprisa? Imagino lo contrario: que el tiempo se ha congelado. Imagino que el mando a distancia de la vida, está en pausa.

Dentro de este mundo congelado puedo deambular libremente, inadvertido. Y nadie sabe siquiera que el tiempo se ha detenido. Y cuando empieza a correr de nuevo, la juntura invisible es perfecta salvo por un ligero escalofrío, como la sensación de que alguien camina sobre tu tumba. Ese momento, en el que ves a alguien caminando por la calle. Alguien tan bello que no puedes evitar mirarlo fijamente. Y como lo hago con un mundo en pausa, resulta muy fácil entender el concepto de belleza. Tenerla congelada frente a ti, capturada, ignorante…

En mi caso, esa fascinación por la belleza comenzó a una edad muy temprana, tenía seis o siete años y mis padres habían acogido a una estudiante extranjera. Tendría unos veinte años y estudiaba español en una escuela cercana. Dado que era Sueca, su paso de la ducha a la habitación no tenía por qué ser recatado. Fue en ese momento cuando sentí algo muy profundo. Me vi expuesto a las formas femeninas de un modo que jamás había experimentado. Sentí fascinación y asombro ante la belleza de su desnudez. Y quise congelar el mundo para poder vivir aquel instante, una semana. Jamás he tenido esa sensación de integridad, y aún hoy sigo pensando que fue una de las cosas mas hermosas que he visto nunca. ¿Y eso estaría mal? ¿Me odiarían? Por verlas, me refiero a verlas de verdad.

Una vez leí sobre una mujer cuya fantasía secreta era tener una aventura con un artista. Creía que él la vería de verdad. Que vería cada curva, cada línea, cada mella, y las amaría porque formaban parte de la belleza que la hacía única.

Y cuando estoy preparado, lo único que tengo que hacer para que el tiempo vuelva a correr es crujir los dedos.

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